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Las 7 funciones de la nariz del perro que explican su hocico húmedo y frío

Las 7 funciones de la nariz del perro que explican su hocico húmedo y frío

Para muchos dueños, tocar el hocico de su perro y notarlo húmedo y frío es casi un gesto automático para comprobar que todo marcha bien. Sin embargo, esa combinación de humedad y baja temperatura no es un rasgo decorativo: la ciencia la relaciona con la detección de olores, con la gestión del calor e incluso con un sentido térmico que apenas comienza a estudiarse.

La piel desnuda que rodea las fosas nasales recibe el nombre de rinario, aunque popularmente se la conoce como «trufa». A diferencia de lo que ocurre en la mayoría de los mamíferos, en el perro esta zona permanece húmeda, se mantiene más fría que el aire que la rodea y concentra una gran cantidad de terminaciones nerviosas.

Entender el hocico húmedo y frío en perros exige mirar más allá de la superficie. A continuación se presentan siete funciones de la nariz canina que explican por qué esta característica es una adaptación evolutiva y no una simple casualidad.

1. Atrapar las moléculas de olor

Los olores viajan por el aire en forma de moléculas volátiles. Para que el perro pueda identificarlas, primero tienen que quedar retenidas y disolverse en una superficie húmeda, y ahí entra en juego la capa que recubre su nariz.

Esa humedad procede de varias fuentes:

  • Moco nasal, producido por las glándulas de la mucosa que tapiza la cavidad nasal.
  • Secreciones de las glándulas nasales laterales, que mantienen humedecida la trufa.
  • Lamidos frecuentes, con los que el animal renueva la película húmeda y retira partículas ya analizadas.

Una nariz seca captaría peor estas moléculas, del mismo modo que una superficie seca retiene menos polvo que una mojada.

2. Separar el aire que se huele del aire que se respira

En los seres humanos, el aire que olemos y el que respiramos recorren el mismo camino. En el perro no ocurre así. Los estudios de dinámica de fluidos dirigidos por el bioingeniero Brent Craven, de la Universidad Estatal de Pensilvania, mostraron que el flujo se divide en dos rutas al entrar en la nariz:

  • Cerca del 12 % del aire inspirado se desvía hacia un receso situado en la parte posterior de la nariz, dedicado exclusivamente al olfato.
  • El resto continúa hacia la faringe y los pulmones.
  • El aire olfativo no se «barre» con cada exhalación, lo que permite que las moléculas de olor se acumulen y se analicen con más detalle.

3. Exhalar por los laterales para no dejar de olfatear

Cuando un perro exhala, el aire no sale por donde entró, sino por las hendiduras laterales de los orificios nasales. Ese chorro lateral genera pequeñas corrientes que empujan aire nuevo hacia el centro de la nariz.

Gracias a este diseño, el perro puede encadenar series de inspiraciones rápidas, normalmente entre tres y diez y hasta treinta, sin interrumpir el muestreo de olores. Es el motivo por el que, al rastrear cerca del suelo, a veces levanta pequeñas nubes de polvo.

4. Multiplicar la superficie de detección

Dentro de la nariz se encuentran los cornetes nasales, unas finas estructuras óseas enrolladas que forman un auténtico laberinto. Al estar recubiertas de epitelio olfativo, multiplican la superficie disponible para que las moléculas entren en contacto con los receptores.

Las cifras ayudan a dimensionar la diferencia:

  • El perro dispone de hasta 300 millones de receptores olfativos, frente a unos seis millones en el ser humano.
  • La parte de su cerebro dedicada a procesar olores es, en proporción, unas 40 veces mayor que la nuestra.

5. Contribuir, de forma limitada, al control de la temperatura

La evaporación de la humedad enfría la superficie de la trufa, y la mucosa nasal, muy vascularizada, intercambia calor con el aire que entra. Sin embargo, conviene matizar el alcance de este efecto: la punta de la nariz es demasiado pequeña para tener un peso importante en la temperatura corporal global.

Las principales vías de regulación térmica del perro son otras:

  • Jadeo, que evapora agua de la lengua y las vías respiratorias y constituye su mecanismo principal de refrigeración.
  • Almohadillas plantares, donde se concentran sus glándulas sudoríparas más activas.
  • Mucosa nasal, que aporta un enfriamiento local del aire inspirado.

En otras palabras, la nariz fría no sirve tanto para refrigerar al perro como para mantener la trufa en condiciones óptimas para la siguiente función.

6. Percibir el calor de otros cuerpos a distancia

En 2020, un equipo de la Universidad de Lund (Suecia) y de la Universidad Eötvös Loránd (Hungría) publicó en Scientific Reports un hallazgo sorprendente: los perros pueden detectar radiación térmica débil con la punta de la nariz.

En pruebas a doble ciego, tres perros entrenados lograron distinguir un objeto ligeramente caliente de otro a temperatura ambiente a cerca de 1,6 metros de distancia. Además, las resonancias magnéticas de 13 perros mostraron actividad en la corteza somatosensorial izquierda ante los estímulos calientes. Como resume la divulgación científica de la Universidad de Harvard, esa sensibilidad podría estar relacionada con la caza de presas.

Los propios autores subrayan que la muestra era reducida y que el mecanismo exacto todavía no se conoce.

7. Servir como indicador orientativo de salud

La idea de que una nariz seca o caliente equivale a fiebre es un mito a medias. La trufa puede secarse de forma temporal tras dormir, después de tomar el sol o en ambientes con calefacción o aire acondicionado, sin que exista ningún problema.

Sí merece atención cuando la sequedad o el cambio de temperatura se acompañan de otras señales:

  • Grietas, costras o heridas que no mejoran en unos días.
  • Secreción espesa, amarillenta, verdosa o con sangre.
  • Decaimiento, falta de apetito o fiebre, que solo se confirma con un termómetro: la temperatura normal de un perro adulto ronda los 38-39,2 °C.

Una nariz diseñada para leer el mundo

Las siete funciones repasadas comparten un mismo principio de diseño:

  • Humedad para capturar y disolver moléculas de olor.
  • Una anatomía que separa, retiene y renueva el aire olfativo.
  • Baja temperatura que agudiza la sensibilidad a las diferencias de calor.

Lejos de ser un detalle anecdótico, el hocico húmedo y frío es la cara visible de uno de los sistemas sensoriales más refinados del reino animal. Cada vez que un perro acerca la nariz a algo no solo lo está oliendo: está leyendo su entorno con una precisión que la tecnología humana todavía intenta imitar.