No existe una clasificación definitiva. Las editoriales, las bibliotecas y las instituciones no cuentan siempre lo mismo: unas registran lenguas, otras incluyen dialectos o traducciones parciales, y algunas suman todas las versiones de una serie como si fueran un solo libro. Además, las cifras cambian con cada nueva edición.
Con esa cautela, esta es una selección orientativa de diez obras que figuran entre las más traducidas después de la Biblia. El orden, especialmente a partir de los primeros puestos, puede variar según el criterio empleado.
1. El principito, de Antoine de Saint-Exupéry. Editado en 1943, rebasa las 600 lenguas y variedades lingüísticas de acuerdo con los registros proporcionados por sus editores. Su concisión favorece la difusión en idiomas de mercados reducidos, al tiempo que sus consideraciones en torno al afecto, el duelo y la niñez cautivan a públicos de diversas generaciones.
2. Las aventuras de Pinocho, de Carlo Collodi. Impresa originalmente por fascículos durante el ochocientos, esta obra acumula versiones a más de 250 lenguas según los cálculos corrientes. Las vivencias del títere que sueña con ser humano se han difundido tanto a través de volúmenes íntegros como mediante adaptaciones escolares. Dicha distinción resulta crucial: un texto adaptado rara vez se corresponde con una traducción completa.
3. Libro del camino y la virtud, atribuido a Lao-Tsé. Este clásico del pensamiento chino aparece en numerosos repertorios con más de 200 lenguas, aunque es difícil verificar una cifra única. Su texto breve ha dado lugar a versiones muy distintas entre sí: traducir sus conceptos filosóficos exige tomar decisiones de interpretación, no solo buscar equivalencias entre palabras.
4. El progreso del peregrino, de John Bunyan. Esta conocida alegoría religiosa que vio la luz en 1678 cuenta con traducciones a más de 200 lenguas, tal como señalan diversas fuentes habitualmente. Su expansión se vio impulsada por iniciativas pedagógicas, labores misionales y canales de distribución editorial que acercaron la obra a poblaciones donde escaseaban los impresos.
5. Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll. Cuentas con versiones en más de 170 lenguas. Constituye un ejemplo sumamente interesante para la traducción: los juegos verbales, los temas musicales y las conversaciones disparatadas exigen reinventar recursos literarios que raras veces admiten un traslado literal.
6. Veinte mil leguas de viaje submarino, de Julio Verne. Ciertas recopilaciones le atribuyen más de 130 o 140 idiomas, si bien este dato debe tomarse con reservas debido a la disparidad en su registro documental. Las peripecias del capitán Nemo se han publicado en versiones resumidas, adaptadas para jóvenes y completas; resulta fundamental identificarlas para poder cotejar las traducciones.
7. Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes. Distintos balances sitúan el volumen en más de cien idiomas, mientras que ciertos informes estiman cerca de 140. Sus dos tomos, lanzados en 1605 y 1615, presentan asimismo un reto numérico: existen lenguas adonde solo se ha vertido un fragmento o una selección de capítulos.
8. El libro de Mormón. Este texto sagrado está disponible al completo en más de cien idiomas. Aunque las entidades editoriales también contabilizan versiones parciales, incorporarlas a las ediciones íntegras incrementaría la cifra final, generando así un contraste desequilibrado frente a otras publicaciones del listado.
9. El Corán. Cuenta con traducciones a más de un centenar de lenguas, aunque establecer un total comparable es especialmente complejo. En la tradición islámica se distingue entre el texto original en árabe y las traducciones de sus significados. También existen versiones parciales y múltiples traducciones a una misma lengua.
10. Harry Potter y la piedra filosofal, de J. K. Rowling. La primera novela de la serie se ha publicado en más de 80 lenguas. Su presencia ilustra cómo la distribución editorial contemporánea puede acelerar las traducciones: una obra de 1997 alcanzó en pocas décadas una circulación internacional que antes podía requerir siglos.
Por qué las listas ofrecen resultados diferentes
La primera decisión es qué se considera un libro. Los cuentos de Hans Christian Andersen suelen aparecer entre las obras más traducidas, pero constituyen un conjunto de relatos, no un único título. Algo parecido ocurre con series de historietas o novelas: contar todas sus entregas juntas favorece a la serie frente a un volumen individual.
La segunda decisión consiste en qué se considera una traducción. El alcance difiere considerablemente entre una edición íntegra, un texto abreviado, la versión de un único capítulo o una adaptación dirigida a lectores infantiles. Del mismo modo, tampoco guardan equivalencia dos versiones distintas en español ni verter el contenido a dos idiomas diferentes.
Por esta razón, datos tales como «más de 200 lenguas» tienen que interpretarse en calidad de estimaciones sujetas a fecha y método, descartando la idea de que constituyan registros inalterables. Dicho escenario es susceptible de modificarse si surgen versiones inéditas o si se reevalúan archivos pretéritos.
El surtido que aquí se presenta pone de manifiesto un aspecto mucho más rico que una simple disputa de cifras: la literatura infantil, las narraciones de aventuras, el pensamiento filosófico y los escritos sagrados trascienden por igual las fronteras. Si bien cualquier versión traducida facilita la lectura de un título, asimismo evidencia el modo en que un público lector determinado asume dicho texto y lo apropia.


